Posteado por: ferisitos en: Agosto 6, 2009
Aquí les dejo este bonito escrito, hecho en medio de mi duelo amoroso…
“No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino. “
JAMES DEAM
La realidad y mi carta de presentación
Hoy entrego mi carta de presentación ante la realidad, y caigo en cuenta que me encuentro incompleto, pasando lista con menos de la mitad de mi esencia.
Hoy la realidad me reclama con justicia la parte que me falta y solo contesta mi dolor, el cual me hace entrar en razón que soy el único responsable de mi mismo, ohh

surge de repente un intenso argumento de debate, el orgullo quiere abogar por que mis acciones están sustentadas en el amor idealizado y por ende la culpa difícilmente es mía .
El conflicto da inicio entre el dolor y el orgullo, los cuales comienzan un terremoto entre lo que queda de mi presente y mi pasado, formando en mi esencia un rompecabezas eterno y sin final debido a la falta de piezas perdidas.
Al presenciar el nuevo acontecimiento, la realidad y yo solo somos espectadores de lo que argumentan los dos sabios de los siglos. La pelea se vuelve desgastante pero ninguno cede a su verdad. Si, dos verdades se gritan a los vientos, pongo oído a cada palabra resonante y las dos me convencen en su tiempo. La realidad me pregunta mi opinión, y respondo que estoy en un conflicto, y recuerda que es necesario pedirme cuentas, que es difícil que ande incompleto por la vida.
Pido un minuto de tiempo antes de tomar la palabra, e inicio un viaje en lo ocurrido, encontrando que el amor inició en mi vida idealizándolo, construyendo una estructura dependiente a las acciones de quién compartía el mismo amor. Creí que ella pensaba como yo, que sentía como yo, y que miraba como yo; creí que éramos uno mismo, y como dicen los poetas, dos almas fundidas en una sola.
El día que se fue, la estructura se cayó, llevándose más de la mitad de lo que yo había dado, al principio me dormí creyendo que era una broma, y que al día siguiente regresaría. El tiempo sin pedirme permiso comenzó a caminar y sentí temer que la realidad se presentara a mi puerta. Pasaron solo 10 segundos de invocarla, con su voz de domadora del tiempo, trazo el requisito de mi carta de presentación.
Hoy al haber entregado mi presentación, se acaba el minuto de tiempo, el dolor y el orgullo me miran y esperan saber a quién de los dos daré la razón. La realidad me pide que inicie mi opinión y solo contesto que he aprendido la lección, que tomaré al dolor cuando sea necesario, para hacerme responsable de mi mismo, y al orgullo como escudo cuando la vida me ofrezca un amor dependiente para crear una estructura sobre él.
La realidad me sonríe y me pide acompañarme de aquí en adelante buscando las piezas del rompecabezas que he extraviado y así al encontrarlas irlas agregando a mi carta de presentación.
FERIS
Fernando Israel Ponce Ramírez